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Casita Miramar: una deliciosa fonda chic

Hace ya nueve años, el otrora hotel Toro en Miramar alberga el restaurante de cocina puertorriqueña Casita Miramar, que no deja de sorprender a los comensales con delicias típicas del país

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Las fondas son sinónimo de cocina casera, donde la base es el sofrito elaborado con recao, ajo y pimientos frescos. Se cocina de forma muy sencilla, pero la comida es hecha con cariño como el que inculcó Doña Aurora Ruiz de San Lorenzo a sus nietos, los hermanos Jesuito y Leonardo Pérez de León, dueños de la emblemática fonda Casita Blanca en Villa Palmeras y el restaurante Casita Miramar.

A la abuela, la apasionaba cocinar y el compartir juntos en la mesa. De ahí nació la propuesta de ambos lugares, fundamentada en promover el consumo de los productos e ingredientes más frescos del país.

“El concepto de ambos restaurantes es cocina criolla, pero aquí hacemos cosas diferentes. Acá servimos platos más creativos, pero siempre utilizando las recetas de nuestra abuela, y apoyando el comercio local, agricultores locales y pescadores locales. Nos dejamos llevar por lo que esté en temporada. Aquí todo es fresco y, por eso, cambiamos el menú dependiendo la temporada”, aseguró Jesuito a Metro, mientras relataba que su abuela “fundó Casita Blanca junto con mi padre porque a ella le encantaba cocinar, y ese cariño de hogar lo llevaba a la fonda”.

Una de las particularidades de la fonda chic —como la describen los hermanos— es que reciben a los visitantes con bacalaítos y con caldos como en antaño.

“Recibimos a las personas con bacalaítos y con un caldo de plátano o malanga porque nuestras abuelas, antes de comer, te daban un caldo para abrir el apetito. El bacalaíto también es en honor a nuestra herencia africana. Con esto celebramos nuestra cultura porque nos sentimos orgullosos de nuestros orígenes. Siempre tenemos pegao, las habichuelas con patitas y la comida bien caliente como nos gusta a nosotros”, compartió.

Otra de las curiosidades de Casita Miramar es que muchos de los ingredientes que utilizan se obtienen de su propio huerto casero.

Tan pronto entra en el salón comedor, decorado con antigüedades del otrora hotel Toro, encontrará los menú escritos en pizarras, y una vez toma asiento, los ricos bacalaítos fritos no se hacen esperar.

Pero antes de ordenar el plato principal, debería probar las sabrosas barriguitas de vieja o las almojábanas con salsa de guayaba, entre otras tentaciones.

De los platos más populares se recomienda el bacalao fresco; carne guisada; fricasé de pollo con papá y zanahoria; pechuga rellena con queso del país, espinaca, chorizo y amarillos; chuletas a la parrilla con pesto elaborado con cilantro y recao y/o con tomates deshidratados; mofongo de yuca relleno de mariscos; canoa rellena de ropa vieja; bistec encebollado; las costillas ahumadas elaboradas a la parrilla con una salsa de barbacoa con guayaba fresca, ron barrilito y café; camarones a la parrilla servidos con yuca frita; aguacates rellenos con dorado cubierto de crema con coco; o el filete miñón con un demi glace con setas y cebollas.

Para acompañar no puede faltar el arroz blanco con habichuelas guisadas con patitas o arroz mamposteado con una raja de aguacate por el lado, los tostones de pana, los amarillos, el mofongo o el pegao.

También sirven opciones vegetarianas, como el pimiento a la parrilla relleno de quinua y vegetales salteados.

Además, ponen a disposición del comensal refrescantes jugos naturales con frutas frescas, como el de carambola, jobo, tamarindo y limón, los mismos que combinan en la coctelería para crear divertidas bebidas, como el mojito La Mentirosa, que se elabora con jugo de pomarrosa; el Caramvodka (jugo de carambola y vodka); el Limonjillo (un mojito criollizado); el Jorobo (una mezcla de rones con jugo de jobo); el Témpano de hielo con coco; y el Daiquiri con guayaba, entre muchas más.

“Tenemos una barra nueva y creamos nuevos cócteles. Nos estamos enfocando en la sustentabilidad y utilizando productos nuestros, muchos traídos del huerto y de nuestra finca. Por ejemplo, utilizamos el aquafaba (líquido remanente de la cocción de garbanzos), que le da un valor añadido al cóctel. De la finca, traemos piñas y los cítricos, entre otros”, explicó Josué Echevarría, a cargo de la coctelería.

Por si fuera poco, también producen su propio pique y café, traído del barrio Castañer en Lares.

Para finalizar la experiencia nadie se debe ir sin la ñapa: un shot de chichaíto junto con tres semillas de café, para brindar por la salud, el dinero y el amor.