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Microplásticos de océanos llegan hasta los alimentos que comemos

El tema es más complejo de lo que se piensa y desde la división de Medio Ambiente de la Organización de Naciones Unidas, lideran una campaña para combatir y así proteger nuestra salud de los microplásticos presentes en la cadena alimentaria humana.

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Un  informe encargado por la Agencia del Medio Ambiente de Austria y desarrollado por la Universidad de Viena confirmó por primera vez la presencia de microplásticos en excrementos humanos, provocando revuelo en la comunidad científica internacional.

Hasta esa fecha la presencia de plásticos en el océano era un tema complejo, considerando que de acuerdo con las mediciones realizadas por Greenpeace, para 2020 los humanos habremos contaminado los mares con más de 500 millones de toneladas de plásticos.

¿Pero a qué nos referimos cuando hablamos de microplásticos? Esta problemática considera fragmentos, inferiores 5 mm, y que provienen de una gran variedad de fuentes, incluidos los cosméticos, ropa, artículos de pesca, deshechos plásticos de uso cotidiano y procesos industriales.

Cabe mencionar que actualmente existen dos clasificaciones de microplásticos: los primarios, que son fabricados específicamente para ser utilizados en productos; y secundarios, que derivan del proceso de deterioro de deshechos plásticos más grandes, como las partes de plástico macroscópicas que conforman la Isla de Basura del pacífico.

Cómo llegan a nuestro cuerpo

Aunque aún no existe certeza del daño que estos elementos provocan en el cuerpo humano, y la comunidad científica apunta que aún deben realizar nuevas pruebas para detallar cómo afectan en el torrente sanguíneo, el sistema linfático o el hígado, donde pueden llegar con mayor facilidad, hay una alerta constante, considerando que se ha detectado que gran parte de los alimentos que consumimos habitualmente contienen microplásticos.

De acuerdo con la Oficina de Medio Ambiente de la ONU, los microplásticos están presentes en la cadena alimentaria humana y hasta ahora han sido encontrados en peces y mariscos, agua embotellada, las cervezas, miel y sal.

En el caso del condimento, una investigación publicada recientemente por la Universidad Nacional de Incheon, en Corea del Sur, en la revista Environmental Science & Technology, revela que el 90 por ciento de la sal del mundo está contaminada con residuos de plástico, principalmente la proveniente de los océanos.

El estudio determinó que las mayores cantidades de microplásticos se encontraron en la sal vendida en Indonesia y que la sal marina era la contenía una mayor concentración, seguida por la sal de lago y la sal de roca.

Si bien este estudio es el quinto publicado sobre este elemento en los últimos años, es el que detalla de forma más extensa el consumo que hacemos los humanos de residuos plásticos a través de ella.

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El agua embotellada es otro de los alimentos que consumimos ampliamente contaminados. Así lo probó un análisis  impulsado por la asociación de periodistas sin ánimo de lucro Orb Media, con sede en EEUU, y llevada a cabo en los laboratorios de la Universidad Estatal de Nueva York.

En dicho estudio, se revisó el agua de 259 botellas de marcas como Evian o Nestle Pure Life y concluyó que el 93 por ciento de las mismas contenían microplásticos, siendo el polipropileno, poliestireno, nylon y polietileno los más presentes.

Este dato tampoco resulta insignificante si se considera que la concentración promedio detectada es de 10 partículas plásticas por litro de agua, lo que supone el doble de la cantidad encontrada en el agua potable de una docena de países de los diferentes continentes.