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El insomnio hace que el olfato nos haga elegir comida chatarra

Científicos realizaron un experimento con 29 personas y probaron cómo el insomnio mejora la codificación de los olores.

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Los mecanismos olfativos centrales alteran la ingesta de alimentos después de una mala noche. Así lo comprobó un equipo de investigadores de la Northwestern University, luego de realizar un experimento donde participaron 29 personas donde estudiaron los efectos del insomnio.

Estudios anteriores había establecido que dormir mal hace que las personas prefieran comida con alto contenido energético al día siguiente. Lo que no se había determinado era cómo ocurría y este es el gran mérito de la nueva investigación, publicada por la revista eLife.

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“Descubrimos que la restricción del sueño aumentaba los niveles del compuesto ECS 2-oleoilglicerol (2-OG), mejoraba la codificación de los olores de los alimentos en la corteza piriforme y cambiaba las opciones de alimentos hacia alimentos ricos en energía”, afirman los investigadores.

De hecho, dicen haber comprobado “la hipótesis de que el procesamiento neural en los circuitos olfativos centrales, en conjunto con el sistema endocannabinoide, juega un papel clave en la mediación de esta relación”.

El sistema endocannabinoide es un grupo de receptores localizado en el cerebro, que está involucrado en varios procesos fisiológicos, como el apetito, la sensación al dolor y humor.

El insomnio hace que el olfato nos haga elegir comida chatarra La falta de sueño altera nuestro sistema olfativo y por ende nuestras elecciones de alimentos. - revista eLife

Insomnio glotón

En su experimento, se dividió en dos grupos a los participantes: a los primeros los dejaron dormir buen una noche y luego solo pudieron hacerlo durante cuatro horas. Al segundo grupo se le aplicó el mismo esquema, pero de forma inversa.

Al día siguiente, todos los que durmieron pocas horas prefirieron comida chatarra como donas, galletas, y papas fritas. Entonces, tomaron muestras de sangre para medir los niveles del 2AG y 2OG.

Antes de cada comida, se realizaron resonancias magnéticas de cada participante. Así observaron la actividad de la corteza piriforme mientras percibían olores de diferentes alimentos y otros de control. Se percataron que esta corteza codificaba con mayor fuerza los olores alimentarios cuando los sujetos sufrían de insomnio.

“La corteza piriforme está conectada a otra región, la ínsula, que integra información sobre el estado del cuerpo para controlar la ingesta de alimentos. La falta de sueño alteró esta conexión, y esto se asoció con una preferencia por alimentos de alta energía”, concluyen.