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El sueño de Don Bacardí y Don Serrallés

Es necesario, para la estabilidad y el progreso económico, que como país nos distingamos en alguna industria

Lusitano1

Si Don Bacardí y Don Serrallés vieran el Puerto Rico de hoy, se quedarían boquiabiertos de cómo ya nuestras industrias insignias no brillan como antes. Fue para finales del siglo pasado donde la isla dejó de ser un país agrícola para convertirse en uno industrializado, donde nuestras industrias de exportación (como el café) pasaron de ser mundiales a locales y bajamos a un segundo plano cuando hablamos de comida caribeña. Desde la eliminación de los grandes incentivos económicos de los 90 nuestra realidad ha sido otra, las multinacionales han huido poco a poco, el talento humano lo hemos tenido que dejar ir para mejores oportunidades, se han perdido miles y miles de empleos, y peor aún, no hemos podido despuntar con una de las industrias con más potencial que tenemos, el turismo, especialmente el gastronómico.

Es necesario, para la estabilidad y el progreso económico, que como país nos distingamos en alguna industria, ya sea agricultura moderna, sustitutos de carne, educación alimenticia, centro de distribución entre el norte y el sur u otra, por ejemplo: México (tequila), Guatemala (bananas), Perú (espárragos), República Dominicana (turismo), Cuba (azúcar), Argentina (carne), Escocia (whiskey), España (vinos), Suiza (chocolates), Brasil (soja), Etiopia (café), Costa de Marfil (cacao), etc. Estas industrias y sus países son reconocidas a nivel mundial casi como sinónimos. ¿Y en nuestro Puerto Rico cuál se distingue?

Ahora bien, si nos detenemos y nos ponemos a rebuscar en la historia del país encontramos que para el año 1969 el Gobierno de turno firmó la Ley Número 143 para incentivar la producción de espíritus destilados a través de arbitrios y publicidad, lo que dio paso a la creación del Programa de Rones de Puerto Rico. Este programa fue el último pilar que necesitábamos para que desde nuestra tierra se destilara una ventaja competitiva sostenible sobre otros países. Demás esta decir que el ron nos puede salvar.

La industria del ron en Puerto Rico data del siglo XIX con la primera producción de la Destilería Serrallés en 1865 y la llegada de Bacardí en 1936. Aunque ya no contamos con la industria de la caña de azúcar, si contamos con robustos incentivos contributivos para la matriz y con un fondo de re-inversión de millones de dólares en impuestos provenientes del Programa de Rones ($40+MM) para el uso exclusivo del mercadeo de todos los espíritus producidos 100 por ciento aquí y añejados por más de un año.

Además de este programa, contamos con un robusto conocimiento en el tema evidente por el legado de las Familias Bacardí y Serrallés, somos la casa donde se produce el ron más consumido en el mundo (Bacardí), el primer ron blanco añejado por más de 5 años (Caliche), contamos con experiencia en la producción de rones comerciales (Club Caribe, Palo Viejo, Llave, Castillo, Alto Grande), artesanales (Ron Barrilito, Trigo Añejo, Pito Rico y Pitorro) e ilegales (ron caña). Como si fuera poco, uno de los mayores consumidores de ron a nivel mundial es Estados Unidos, somos el estado/territorio donde más joven -legalmente- se puede beber (18 años) y, más importante aún, somos el país donde se consume más ron por milla cuadrada. Sin duda alguna, tenemos los elementos necesarios para ganar.

Todo esto nos ha dado la oportunidad de ser conocidos como la Capital del Ron del Mundo, aunque todavía el mundo no lo sepa. Sin embargo, el ecosistema ya está estructurado, los pilares están en el lugar correcto, estamos en el momento histórico correcto para impulsarla y convertir a la industria de ron local en nuestra gallinita de oro. Esta industria no flaquea por la situación económica o el estado de ánimo en que nos encontremos, el ser humano siempre encuentra una buena razón para beber y disfrutar con palito en mano.

¿Qué esperamos? ¡Brindemos por ese sueño!