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El comienzo de una nueva era culinaria

Lo más rico de todo, no era la comida, era ese enorme sentimiento de agradecimiento por volver a vivir ese momento.

Lusitano1

Allí estaba yo, sentado en la única mesa del lugar. El espacio era inmenso, pero el lugar solo se decoraba con una mesa, dos sillas y mis ansias de haber vuelto a una sombra de la realidad.

Era uno de esos días donde la lluvia se convertía en humedad con el candente sol, pero que traía consigo una brisa que abrazaba los sentidos con el aroma de la cocina. El entorno parecía como de película de fin del mundo pero era una triste realidad que guardaba mucha esperanza. Suena paradójico pero así se está rescribiendo la historia culinaria en medio de la cuarentena.

Había esperado meses, semanas, días y largas horas para volver a sentarme en ese lugar donde he alimentado el alma, donde tantas sonrisas han forjado nuevas experiencias y donde he visto los sueños ser traducidos al lenguaje culinario. A pesar de estar solo en aquel restaurante, en medio de todo aquel vacio irracional, entendía que esta nueva realidad no era para siempre.

A lo lejos se escucha como el fuego hacia su trabajo cocinando ingredientes que se complementan y que crean una obra de arte que podemos comer. Poco a poco, se va construyendo el producto final que estará en el plato y que cautivará todos los sentidos a la vez. Una vez llegue, ya el espacio no se sentirá tan solitario.

Ya se acercaba el momento cumbre. En ese instante, los sentidos empezaban a jugar con la mente al escuchar que la comida estaba lista, en el aire se podía oler el aroma que expedía el plato, y la anticipación me ponía nervioso. Todo parecía como si fuera la primera vez, y básicamente lo era. Era la primera vez después de tanto tiempo.

Ver el plato de cerámica, los utensilios de aluminio y la comida plateada como toda una obra de arte, era una escena casi surreal. En ese primer bocado sentí como la vida me permitía transportarme a mejores tiempos, algunos del pasado y otros del futuro. En ese momento, reconecté con esa innata pasión por la gastronomía y, por mi cuerpo, recorrían las historias detrás de esa receta. Era toda una escena sacada de una película de Hollywood.

Lo más rico de todo, no era la comida, era ese enorme sentimiento de agradecimiento por volver a vivir ese momento, por las manos de los agricultores que cultivaron los ingredientes, por las manos experimentadas del chef que transformó los ingredientes, por los miles de trabajadores de la industria que están dando la batalla cada día y porque no hay duda que hay vida después de todo esto.

Aunque pareciera estar solo en aquella mesa en medio del salón, no lo estaba. Como una comunidad gastronómica global, estamos juntos en todo esto, viviéndolo, sufriéndolo y disfrutándolo en todo su esplendor. Estoy confiado que en un futuro no muy lejano, sentiremos nuevamente la cerveza fría en nuestras manos, las conversaciones entre amistades, la intimidad de las velas, la magia de la cocina, la anticipación de lo ordenado y la energía de un lugar repleto de gente.

Ese almuerzo representaba más que una primera vez, era el comienzo de una nueva era para la cultura culinaria de nuestro país.


Paul E González Mangual es un escritor puertorriqueño que ama viajar y viaja para comer, y luego comparte historias sobre esas aventuras culinarias en su agencia de turismo gastronómico,
FOODIEcations.