Comida Saludable

5 razones para no “hacer dieta”

¿Estás considerando una dieta? Ten en cuenta estos detalles.

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Tengo un amigo que todos los lunes se pone a dieta. Para romperla el martes. No, peor, para comer el martes todo lo que no se comió el lunes. Básicamente, su lunes es como el enero de mucha gente. Llega el inicio del nuevo año y queremos bajar todo lo que subimos en la temporada navideña.

Y claro, es válido querer estar en forma y trabajar en ese rumbo. El problema es nuestra concepción sobre lo que es una dieta. La vemos no como nuestros hábitos alimenticios de siempre, sino que lo vemos como algo que hacemos durante algunos meses hasta que llegamos al peso deseado, para luego dejarla. Pero no podemos hacer algo temporalmente y esperar resultados perpetuos, a menos de que primero, cambiemos la mentalidad con la que comemos.

Ese es el tipo de dieta que, en mi opinión, no vale la pena hacer, y aquí les dejo cinco razones por las que es mejor hacer cambios en el estilo de vida y alimentación siempre:

1. Tratar de restringirnos, en realidad hace que nos de más ansiedad

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Me voy a ir un poco lejos, hace tiempo leí el libro Compradicción, de Martin Lindstrom. Un investigador que decidió documentarse a fondo y de manera neurológica por qué las personas compran. Uno de los primeros ejemplos que describe es el hecho de que las ventas de cigarro a nivel mundial no se vieron afectadas por su falta de publicidad, lo que es más, en algunos casos hasta aumentaron. Más con las advertencias desagradables sobre los efectos del cigarro.

Después de varios estudios de resonancia magnética, se descubrió que el tipo de advertencias en las cajetillas afectaban una zona del cerebro denominada Núcleo accumbens, también conocido como circuito del placer o punto de ansia. Básicamente, son un grupo de neuronas que se encienden cuando el cuerpo desea algo, y exige estos estímulos para saciarse.

O sea, que cuando te dices a ti mismo que no vas a comer tal o cual cosa, o cuando te lo dice un nutriólogo, tu deseo por ello aumenta. Muchas veces, en cuanto decidimos “ponernos a dieta”, nos da más hambre y tenemos más problemas para resistir a nuestros antojos.

2. Cortar tu consumo de calorías podría ser más sencillo de lo que crees

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¿Bebes mucho refresco, jugos, o bebidas refrescantes dulces? Simplemente aumentar tu consumo de agua natural podría ayudarte a perder peso.

Contrario a lo que sucede con la comida, que cuando estamos satisfechos podemos sentirlo, no tenemos esta noción con las bebidas. Es decir, aunque no podrías comer más allá de tres hamburguesas porque tu estómago no lo permitiría, podrías consumir las mismas y hasta más calorías en jugos, refrescos y bebidas alcohólicas.

Por ejemplo, de acuerdo a CNN, si en un día bebes un café (negro), un jugo de naranja, un refresco, un vaso de leche, una bebida rehidratante, una cerveza, un vaso de agua y un vaso de vino, estarías consumiendo 632 calorías solo en líquidos. Suma a eso que sólo la leche y el jugo contienen nutrientes. Aunque el agua aporta cero calorías.

Si varías tan solo tu consumo de bebidas, podrías ahorrarte bastantes calorías. Es un buen comienzo para una alimentación más balanceada.

3. Su efectividad es dudosa

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Si bien hacer una dieta puede lograr que pierdas algunas libras en un par de meses, sin embargo si no es algo que pienses mantener y vuelves a tus viejos hábitos, estos regresarán. Según el portal Fatnutritionist, no es sólo una cuestión de rebote, sino que perder peso nos deja más sensibles a la insulina, además de que producimos menos hormonas de control del apetito (las que transmiten la sensación de estar satisfechos) y más hormonas que nos transmiten la sensación de hambre.

4. Las dietas pueden causar hipertensión

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Sobre todo esas dietas locas y malsanas que a veces se ponen de moda (cof, cof, Atkins).  Dejemos de lado que los resultados son efímeros, una mala dieta puede poner tu vida en mucho riesgo.

5. Mantener tu peso es una labor de todos los días

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No solo porque es lo único que puede garantizar resultados que no sean efímeros, sino porque tu propio cuerpo comienza a responder. Recuerda que una buena alimentación no depende solo de qué comes, también en qué momento lo haces. Por ejemplo, después de un tiempo, los refrescos te parecerán demasiado dulces y no podrás comer más que la mitad de una rebanada de bizcocho.

Uno de los efectos de comer sano como una forma de vida y no como algo temporal es un metabolismo acelerado (o ir bastante al baño), tener menos dificultad para mantener el peso, preocuparse menos por comer saludable, dormir mejor  y, en general, ser más feliz.

Hay que afrontar la realidad, no hay remedios mágicos ni temporales para bajar de peso. Es una labor de todos los días. Sólo hay que aprender a escuchar bien lo que el cuerpo nos pide, informarnos un poco, comer fresco, orgánico, local, bajar un poco el azúcar y la grasa y más frutas, verduras, legumbres y semillas.

Puede parecer una tarea gigante, pero una vez que tu cuerpo se acostumbra, es muy fácil seguir en esa dirección.