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Diez frases básicas en la degustación de un vino

Baby wines, vinos de sutil sensación

José Bracamonte
José Bracamonte José Bracamonte es sommelier y artista.

Por José Bracamonte

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Entender el lenguaje del vino, dónde y cómo comprarlo, catarlo, guardarlo, es generar demasiados problemas en una bebida que está creada para hacernos disfrutar, gozar el momento y compartir un instante de luz. Entre consumidores ocasionales o consolidados, el vino siempre debe ser sencillo para el oído.

Así, el olfato y el gusto serán complacidos. Al fin y al cabo, el vino es para todos y no debemos tratarlo como si fuera algo reservado para una élite mística.

Diez frases básicas en la degustación de un vino:

-Afrutado: es un vino que tiene aroma y sabor de fruta, lo que necesariamente no implica dulzor.

-Aroma o buqué: El olor del vino. Buqué se refiere particularmente a la fragancia de los vinos más añejos.

-Cuerpo: El peso aparente del vino en la boca (ligero, medio o pleno)

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-Fresco: Un vino con acidez refrescante.

-Final: La impresión que deja el vino al pasar por la boca y garganta.

-Intensidad del sabor: Diferencia de fuerza o debilidad en los sabores.

-Notas de roble: Un vino que conserva aromas y sabores (tostados, ahumados, vainilla) procedentes de la madera de roble de las barricas.

-Seco: Que no es dulce (sencillo)

-Suave: Un vino agradable de beber por ser delicado y no agresivo.

-Tánico: Un vino tinto que es firme y deja en la boca una sensación de sequedad.

Los baby wines

Hoy se habla mucho de la sensación de fruta en el vino. La presencia de barrica de roble o añejamiento en la degustación ya ha pasado a segundo plano. Todos buscamos la honestidad de la tierra donde nace el vino y la expresión bien equilibrada de la cepa. La magia del enólogo está en el equilibrio de acidez, fruta, alcohol y tanino.

Los baby wines son los vinos jóvenes: poca barrica, poca sensación a madera, una sutil sensación que acaricia la fruta y nos deja un rico y jugoso vino, que dan ganas de masticarlo por lo refrescante que es. Es más noble, más delicado, tierno y natural. Ligero y más fácil de entender, pero carnoso. Ese es el vino que hoy todos buscamos. La “sensación a barrica de roble” desató en los noventa una cultura muy exagerada, que prácticamente no se entendía el concepto del vino y opacaba las papilas gustativas. Hoy es una fórmula entre precio, honestidad de la tierra y sencillez de la cepa.

Siempre se dice que todo regresa al pasado y que las modas de ayer regresan a hoy. Y esto de los baby wines nace, sobre todo, de aquella onda de consumir vinos como el Beaujolais.

El Beaujolais es una zona de vinos frescos en la región de Borgoña, donde se dicen que vienen los vinos más jóvenes del mundo. Su tendencia marcó una mirada del antes y después, en una época donde todo era añejamiento.

Estamos en la era del vino más fresco, tipo Beaujolais Nouveau, riqueza frutal y bajo precio. Los fantasy wines (los vinos caros) han quedado en los noventas. Por eso los rosados, sin barrica, están en subida, y todos queremos un rosé de Provence, por ejemplo.

Los baby wines o vinos ligeros son para entretenerse. En esta época, donde hay poco tiempo para disfrutar, no queremos un vino súper robusto, ni tampoco uno tan caro, que tenga que oxigenarse 45 minutos para que nivele su acento tánico.

Los baby wines no viven más de cinco años. Por lo tanto, están listos para beber desde el día que los compras. Se beben siempre frescos: si es blanco entre 6 y 8 grados de temperatura, y si es tinto, entre 12 y 16 grados. El maridaje recomendado sería siempre una cocina ligera, suave, con ingredientes que no estallen mucho en sabores, sin picantes, ni muchas especias.

* José Bracamonte es sommelier y artista, licenciado por Marca Perú. Seleccionado varias veces como el mejor catador de Perú. Fundador del Instituto del Vino y el Pisco. Sus canciones han aparecido en telenovelas y series. Instagram: @bracamonteartista

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