Gastronomía

Comer: ¿puede ser un acto político?

Este año eleccionario va a ser uno atípico, con nuevas vertientes a explorar y oportunidades para visualizar un nuevo Puerto Rico.

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Ya se empieza a sentir a nuestro alrededor a todo el ruido político del país de cara a las primarias de agosto y las elecciones generales en noviembre. Este año eleccionario va a ser uno atípico, con nuevas vertientes a explorar y oportunidades para visualizar un nuevo Puerto Rico.

Para las nuevas generaciones, es difícil contemplar como un voto puede hacer un cambio real en la infraestructura política de un país dominado por el bipartidismo. Sin embargo, individual y colectivamente, podemos hacer mucho más que simplemente dar un voto. Cada uno puede usar la gastronomía y el acto de comer como un revolucionario acto político.

¿Cómo así? Esta idea lleva circulando en conversaciones por los últimos años con personas como el autor Michael Pollan, el educador Charles Michel y otros eruditos en el tema. Aquí les incluyo algunas de estas ideas y otras que he añadido atemperadas a nuestra realidad como país. Todos podemos ser parte de un cambio radical, y todo eso puede comenzar antes del primer bocado, la primera compra o ante la decisión de visitar a un establecimiento de comida.

A continuación, les incluyo cinco vertientes a considerar cuando hablamos de comida como un acto político:

  • CONSUME LOCAL – esta es la afirmación más básica que podemos hacer para comenzar a hacer temblar los cimientos de toda la infraestructura política. Esto se trata de que cuando tengamos que elegir un lugar para comer, le demos la primera, segunda y tercera oportunidad a los restaurantes del patio. No se trata de hacer un boicot a las cadenas extranjeras, son necesarias y crean muchos empleos, pero sus riquezas no necesariamente se quedan en el país. Esta vertiente también aplica a las manufactureras de productos locales versus los productos extranjeros. Elegir correctamente es nuestra mejor arma.
  • CUESTIONA TODO – tenemos que activar el pensamiento critico en todas sus facetas. Hay que comenzar a cuestionar la procedencia de los alimentos en los supermercados, los ingredientes que utilizan los restaurantes, las políticas públicas sobre la agricultura y las leyes actuales o potenciales sobre impuestos en toda la cadena de alimentos. Cuestionando todo podemos tener una idea más clara del panorama actual de la industria culinaria del país y, por ende, tomar mejores decisiones como consumidores. Siempre comienza con un, ¿por qué?
  • SE CONSCIENTE – hay que comenzar a ser conscientes con cada dólar que gastamos en alimentos. Todo consumo cuenta, ya sea en restaurantes, con agricultores, en supermercados o en tiendas por departamento. Cuando somos conscientes con nuestro dinero, tomamos en cuenta las políticas de las empresas, sus valores y compromiso con su comunidad. De esta forma, nos tomamos unos minutos adicionales para tomar decisiones más informadas y apoyamos a los que mejores prácticas tienen, los que cuidan al medio ambiente y los que crean valor real para nuestro país. Ser consciente es estar alerta de los que están siempre parte del cambio y no parte del problema.
  • APOYA EL COMERCIO JUSTO – en un sistema capitalista el objetivo de un negocio es crear riquezas. Sin embargo, las empresas de comercio justo no tienen el hacer dinero como su primer objetivo ni el primordial. Estas empresas se enfocan en crear productos utilizando ingredientes de alta calidad y que hayan sido elaborados bajo prácticas conscientes de trato justo para el medio ambiente y una compensación justa a sus empleados. El componente humano es el activo más importante de su cadena de distribución. Apoya los que hacen las cosas bien y de corazón.
  • PRACTÍCA MEJORES HÁBITOS ALIMENTICIOS – como amantes de la gastronomía nos encanta comer de todo. Ahora bien, para que nuestro amor por la comida y el planeta sean sostenibles, tenemos que crear una mentalidad de balance con el consumo animal y vegetal en nuestro diario vivir. Educarnos sobre el tema y aplicar nutriciones, dietas y hábitos alimenticios sostenibles deben ser una de las prioridades individuales que debemos implementar en nuestro modo operandi. Esto no se trata de ser vegano o de su extremo, se trata de practicar mejores hábitos por el bienestar del medio ambiente (reciclaje, empaques, etc.) y concientizar sobre el trato de los animales de consumo (menos, es más). El cambio real comienza con uno mismo.

Como pueden ver, aplicando estas simples medidas en nuestro diario vivir podemos comenzar una revolución individual y colectiva. Consumiendo lo local, cuestionando las infraestructuras establecidas, siendo consciente con nuestro entorno, apoyando a los que ya se encuentran dando pasos firmes y aplicando todo a nosotros mismos, podemos ser entes de cambio social, económico y político.

Si toda una generación de gastrónomos comenzamos a ser agentes de cambio, a ejercer presiones a los cimientos políticos establecidos y a apoyar las estructuras económicas en los niveles más bajos, vamos a comenzar una revolución. Cada uno de nosotros puede ser un eje de cambio frente a las políticas tradicionales que nos han gobernado por décadas y que nos han llevado a un nivel de insustentabilidad… y todo eso lo podemos hacer, haciendo lo que más nos gusta: comiendo.

Paul E González Mangual es un escritor puertorriqueño que ama viajar y viaja para comer, y luego comparte historias sobre esas aventuras culinarias en su agencia de turismo gastronómico, FOODIEcations.

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